6 Mitos sobre la caída capilar, por Silvia Capafons

El otro día me preguntaba mi hija de 9 años si el pelo se caía porque era como las hojas de los árboles en otoño; había visto en la tele un anuncio de un champú para tal cuestión. Mi pequeña sabiondilla no hizo más que confirmarme que la lógica de los niños es siempre la mejor. Como periodista de belleza y salud y como portadora de un cabello terriblemente fino, soy consciente de que hay épocas muy puñeteras para él: son letales los cambios de estación, sobre todo octubre y noviembre, aunque la primavera también se las trae.

El tema me ha dado qué pensar, así que voy a exponer 6 mitos sobre la caída capilar que van a aliviar a más de un@ y que sí están respaldados por dermatólogos:

  • Lavarse el pelo a menudo favorece la caída.

Hacerlo a menudo NO favorece que se desprendan más pelos. Como deportista y mujer (si tienes el pelo largo sabes de qué hablo), conozco mil triquiñuelas para no tener que lavar el pelo cada vez que sudo después de hacer ejercicio: que si un champú seco (a mi me deja el cuero cabelludo y las raíces como si me hubiera echado un saco de harina por encima), que si coleta (ay, ¡recoger el pelo sucio y húmedo es peor!), que si planchar las puntas para que no se note tanto (es como recalentar una paella del día antes, que en el momento está pasable pero al enfriarse se queda apelmazada)…dejemos los apaños sin sentido. Porque como explica la Academia Española de Dermatología, el cabello que cae con los lavados está previamente dañado o enfermo. “Ese pelo que cae al lavarlo también lo haría al peinarlo o con el roce de la almohada”, me contó una vez el doctor José Carlos Moreno, Catedrático de Dermatología.

  • Si tienes el pelo graso, ahorra champú.

Más de lo mismo. En un congreso fuera de Madrid lo hablé con la dermatóloga Lola Conejo-Mir, porque otra periodista y colega quería ir a las sesiones perfecta, pero no sabía cómo librarse de la sensación de grasa capilar y no estaba dispuesta a lavarse la melena cada mañana en el hotel “por no acostumbrar al pelo”. Lola me dijo que la cantidad de grasa que produce cada persona está determinada hormonalmente y no exclusivamente por la cantidad de veces que lavamos la cabellera. “Si el pelo se engrasa frecuentemente habrá que lavarlo ídem, y sino, espaciar los lavados, no hay más norma”, me dijo. Apuntado lo tengo, porque me sirvió para elaborar una nota de prensa, ya que por aquel entonces formaba parte del gabinete de comunicación de la asociación de dermatólogos.

  • El cepillo es el demonio.

Todo lo contrario: Cepillar la melena a diario favorece el masaje y el aumento de la microcirculación sanguínea, así que coge fuerza. ¿O pensabas que la sofisticada escena de esas divas en batín de raso sentadas frente al tocador cepillo en mano era un simple gesto estético en las películas? Eso sí, el cepillo debe ser de cerdas naturales y suaves.

  • El brushing va a dejarte cuatro pelos.

No. A menos que abuses de él con tirones (podrías producir alopecia por tracción) y a temperaturas altas (que alteraran el ciclo natural de cada cabello), utilizar planchas y secadores empeorará la calidad de la fibra y la deshidratará, pero no va a producir alopecia.  Y lo mismo ocurre con lacas y productos de styling. Según el dermatólogo experto en tricología Sergio Vañó, “el uso de gominas, lacas, champús o tintes no produce más caída”.

  • Cortar el pelo lo vuelve más fuerte.

Soy consciente de que más de una va a celebrar esta revelación y probablemente deje de odiar profundamente a su peluquero, casi siempre de “tijera fácil”: no va a hacer que crezca más fuerte. Otra cosa es que ópticamente lo parezca, porque quede igualado a la altura de las puntas, ya que no todos los cabellos consiguen alcanzar el mismo objetivo de longitud.

  • Usar sombreros asfixia el pelo.

Ya puedes disimular un “bad hair day” con un sombrerito mono o coleta y gorra si vas de sport, porque el pelo no respira ni se ahoga: recibe inervación por la raíz.

Lo que sí ayuda para frenar la caída capilar:

Una vez sabido que podemos relajarnos con muchos gestos diarios para poder mantener la melena en su sitio, pongámonos serios (ahora sí toca) con algunos consejos que los mismos dermatólogos recomiendan. Y son:

  • Comer bien.

Toca hacer acopio de alimentos ricos en vitaminas C, E y D, zinc, hierro y Omega 3. La época nos lo pone fácil: naranjas, mandarinas, kiwis, frutos rojos, pimientos, legumbres, carne y pescado azul.

  • Dormir mejor.

Más allá del humor, habrás notado que la piel está peor cuando no descansas bien, ¿verdad? Pues al pelo le pasa lo mismo. Además, si dormimos mal sufrimos más estrés, y este dispara el cortisol, que afina el folículo piloso.

  • Evitar abusar de las coletas y peinados muy tirantes.

Seguramente estilicen los rasgos y queden divinos, pero pueden producir alopecia por tracción. Por no hablar del dolor de cabeza que dejan…

  • Tomar un complemento alimenticio específico para el tipo de alopecia.

La mayoría de los que hay en el mercado no son especializados y suelen estar compuestos por vitaminas, minerales y oligoelementos que refuerzan la raíz en cualquier circunstancia. Pero hay novedades y buenas noticias para quienes pueden culpar a padres/abuelos de su caída capilar: ya existen las primeras y contrastadas fórmulas dirigidas a la alopecia hereditaria. El pionero es Iraltone Aga de Cantabria Labs, que ahora saca su versión Plus, y os cuento porqué. Además de biotina (vitamina B7), zinc, cobre y cistina, todos ellos fundamentales para reforzar la raíz, incorpora Vitamina D y dos ingredientes que han demostrado científicamente actuar sobre la caída capilar crónica severa: Serenoa repens (pertenece a la familia de las palmeras y se utiliza con fines medicinales) y una planta herbácea llamada Cucurbita pepo (aceite de semilla de calabaza).

  • Ve al dermatólogo.

Si es de tipo androgenético, el dermatólogo te recomendará qué tratamiento seguir: hay medicamentos que pueden aplicarse vía tópica (en el cuero cabelludo), como el minoxidil, fármacos androgénicos (finasterida), microinyecciones de dutasterida, plasma rico en plaquetas y otros complementarios como el láser de baja potencia o la mesoterapia combinada.

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