La radiación solar y nuestro organismo

Hoy en “Todo por tu piel” hablamos de radiación solar y como afecta a nuestro organismo.

Para empezar, es importante que conozcamos que la actividad solar se expresa en fotones, partículas solares y rayos. Si hablamos de radiación o rayos hablaremos de ultravioleta, visible e infrarrojo.

A día de hoy, la radiación que atraviesa la capa de ozono y llega a la superficie terrestre es la UVB, UVA, luz visible e infrarrojo. La proporción aproximada en la que llegan es la siguiente: UVB constituye un 0,1%, UVA un 4,9%, la luz visible un 40% y el infrarrojo un 55%. Y a pesar de estas proporciones es la radiación ultravioleta, que constituye un 5% del total, la más dañina.

Es lo que se conoce como radiación electromagnética, una radiación que produce efectos sobre la tierra a largo plazo pero también a corto término y que desencadena procesos biológicos y bioquímicos esenciales en la vida.  Es evidente, necesitamos el sol. Nos da vida, energía, vitaminas, afecta de forma positiva en el ánimo, en el humor. Es fuente de salud tanto física como mental. Pero también puede darnos problemas.

Desde que se conoció la naturaleza de la radiación solar, hasta el día de hoy, la mayoría de los estudios se han centrado en evidenciar los efectos de la radiación ultravioleta sobre la piel, efectos que han sido ampliamente descritos. Ya sabemos que el UVB es responsable de la quemadura solar y el UVA, con efectos a largo plazo, produce envejecimiento prematuro, manchas cutáneas, alergias solares e incluso el temido cáncer de piel.

Pero en los últimos años, son varios los estudios que han demostrado que el daño cutáneo que produce la radiación solar en la piel no se debe exclusivamente a la radiación UV, sino que también, la radiación infrarroja y la visible juegan un papel importante.

Comencemos con la visible, la radiación más recientemente estudiada.

Si bien, es verdad que existen estudios ya por el año 1962, no ha sido hasta hace muy poco cuando se ha estudiado con más profundidad sus efectos en nuestro organismo y se ha visto que la radiación visible, concretamente la región azul violeta que es la más próxima al UVA, produce efectos muy similares a la radiación UVA : fotoenvejecimiento, pigmentación, daño indirecto en el DNA celular.

La radiación infrarroja supone más de la mitad de la energía que alcanza la piel y se divide en IR-A, IR-B e IR-C. Mientras las IR-B y la IR-C no penetran profundamente en la piel, la IR-A alcanza la dermis y la hipodermis.

La radiación IR-A produce un aumento de la temperatura y es capaz de potenciar los efectos nocivos de la radiación ultravioleta. Además, por una parte aumenta la degradación del colágeno y por otra disminuye su síntesis, lo que hace que se acelere la pérdida de elasticidad y tersura de la piel.

Como conclusión podemos decir que, a la hora de elegir un fotoprotector, debemos escoger entre aquellos que ofrezcan una amplia cobertura de las radiaciones. Por un lado es importante que contengan filtros y activos específicos que protejan frente a estas radiaciones, que tengan capacidad antioxidante para contrarrestar los efectos de los radicales libres generados por la radiación y en la medida de lo posible activos reparadores del daño.

(Imagen ofrecida por IFC Spain)

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