Protección solar los 365 días del año

A pesar de los conocimientos de los que disponemos actualmente y del esfuerzo que médicos, autoridades y laboratorios estamos realizando para concienciar a la población, siguen siendo muchas las personas que desconocen los peligros del sol y se protegen de forma inadecuada.

Uno de los errores más comunes es utilizar fotoprotección únicamente durante el verano, cuando vamos a exponernos al sol de manera prolongada en la playa o la piscina. Sin embargo, la realidad es que la radiación solar puede perjudicar nuestra piel durante todos los días del año.

Durante los últimos 20 años se ha avanzado mucho en el conocimiento de los efectos nocivos que tienen las radiaciones ultravioleta en nuestra piel. Actualmente se dispone de abundante información sobre los rayos UVA y UVB y sus riesgos: aparición de quemaduras, manchas cutáneas, fotoenvejecimiento y cáncer de piel. Sin embargo, la aparición de nuevos investigaciones han demostrado la existencia de otras radiaciones como la infrarroja tipo A o la radiación visible igual de peligrosas.

Debemos tener claro que siempre que los rayos del sol lleguen a nuestra piel estamos expuestos a sus peligros. La mayoría de factores que influyen en cómo la radiación llega hasta nosotros son independientes al momento del año:

– Latitud: La cantidad de radiación que llega a la superficie tiene que ver con la elevación del sol, cuanto más alta y más vertical, más radiación. Por tanto, hay zonas del planeta como los trópicos en las los efectos de la radiación es más peligrosa.

– Nubosidad: La nubosidad atenúa, pero no bloquea, la fuerza de la radiación. Depende mucho del tipo de nube y su desarrollo. Las más densas y oscuras suavizan los rayos UV, en cambio las nubes blancas, la niebla y la calima apenas lo hacen. Además, la presencia de nubes que no oculten el sol aumentan la radiación sobre la tierra. Este efecto se debe a la reflexión de la radiación sobre las gotas de lluvia y los microcristales que hay en las nubes. Si vamos a realizar alguna actividad al aire libre en días nublados es importante no olvidarnos de aplicarnos algún tipo de fotoprotector tópico o oral que reduzca el riesgo de la radiación a largo plazo.

– Altitud: Cuando vayamos a realizar alguna actividad en la montaña, es fundamental incluir en nuestra mochila un protector solar. Ya que cuanto mayor sea la altitud menor es la atenuación de los rayos y por tanto más fuerza tienen.

– Superficie: La reflexión de los rayos varía según el tipo de superficie: la nieve refleja el 85% de los rayos, la arena el 17%, el agua el 5% la hierba el 3% y un 2% es asfalto. El SPF de nuestro fotoprotector deberá adecuarse a este dato, y utilizar niveles altos en la nieve y la playa pero también en el campo y la ciudad.

– Oblicuidad: Hasta que llegan a nosotros los rayos solares recorren un largo camino por la atmósfera. Ese trayecto les hace perder intensidad. Dependiendo de la época del año y de la hora del día el camino es más directo y en consecuencia la radiación también. Los rayos UVB, que afectan a la capa más superficial de la piel y provocan las quemaduras, son más sensibles a la oblicuidad. Sin embargo, los UVA que alcanzan las capas más profundas y causan más daños, están presentes durante todo el año.

Hoy en día, gracias a los avances tecnológicos los fotoprotectores cubren más de una necesidad. La gama Heliocare dispone de productos que protegen pero a la vez maquillan, hidratan, e incluso reparan la piel. Gracias a su variedad de texturas y SPF Heliocare se adapta perfectamente al momento, la actividad que vas a realizar y cómo sea tu piel.

(Imagen ofrecida por IFC Spain)

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