«La rutina facial según la Dra. Ana Molina» por Silvia Capafons

Como periodista de belleza creo saberme al dedillo la teoría dictada por los dermatólogos sobre cómo cuidar la piel. Pero la realidad es que, como le ocurre a muchas colegas con las que he hablado del tema, tengo mis costumbres y manías: que si esto me lo pongo antes que lo otro porque me resulta más cómodo, que si utilizo 3 productos o 5, que si me limpio solo con agua micelar o mousse cuando tengo prisa. Tuve que encontrarme con la dermatóloga Ana Molina, que trabaja en la Fundación Jiménez Díaz y es profesora de Dermatología de la Universidad Autónoma, a quien tengo en un pedestal por lo que sabe y lo bien que cuenta las cosas, para reeducarme y cambiar alguna vieja costumbre.

Pero antes de saber cómo vestirla, entendamos cómo es la piel y qué “prenda” necesita en cada momento en función de lo que me contó la dermatóloga:

  1. Si hablamos de piel, su calidad es lo más importante. “Por encima de la flacidez y las arrugas nos fijamos en una piel cuidada, hidratada y bonita”, en palabras de la experta. Una de las pistas la da un estudio que asegura que preferimos a las personas maquilladas…o que parezca que lo están, es decir, con una piel uniforme y luminosa. Las periodistas de belleza lo confirmamos, y de hecho me incluyo en el grupo que cree que el punto fuerte de la cosmética es que aumenta su calidad: vitamina C y antioxidantes para iluminar, difuminar pequeñas manchitas y unificar el tono, sin olvidar los activos hidratantes que no pueden faltar para aportar ese extra de jugosidad.
  2. La renovación de la epidermis es fundamental. Y esto ocurre en una piel joven cada 28 días, proceso que se va ralentizando. ¿La solución? Los productos ricos en alfa-hidroxiácidos, que producen una exfoliación química y que deben adaptarse a cada tipo de piel y edad. A mi me encantan los discos despigmentantes de Neoretin Discrom Control, combinados con mi mascarilla favorita, Endocare C Peel Gel: enamorada estoy de la combinación de pro-retinol, ácido fítico, vitaminas C y E y Resveratrol, deja la piel muy suave, llena de luz y se encarga de darle caña a la renovación celular de la capa más superficial de la piel, la epidermis.
  3. Bien de colágeno y elastina. Ambos, junto a los glicosaminoglicanos (GAG) se encuentran en la dermis, la siguiente capa cutánea. Aquí es más difícil actuar, y aunque la cosmética bien dirigida hace su estupenda labor la clave para no degradar las fibras de colágeno y elastina es la protección solar. Pero ojo, hay que escogerla bien con fórmulas que además de proteger contra toda la radiación (incluida la luz visible, de la que tanto se habla últimamente, y la infrarroja) contengan potentes activos antioxidantes capaces de reparar los daños celulares y salvaguardar ese colágeno y esa elastina. Fernblock de Cantabria Labs cumple con creces la pauta: es la tecnología base de Heliocare, un extracto de Polypodium Leucotomos con una potente acción protectora, antioxidante y reparadora.
  4. El único bronceado saludable es la hidroxiacetona, es decir, el autobronceador. Tengo que confesar que a mi no me gusta ese tono anaranjado que inevitablemente deja: yo prefiero una piel que no esté morena. Porque no, no favorece. Ningún maquillador profesional dirá lo contrario, y dermatólogos y periodistas del sector lo aplaudimos. Es más, el aspecto bronceado suma años y resta luz.
  5. Somos más exposoma que genoma. Mucho se habla últimamente de la suma de los factores externos que actúan sobre el genoma, y que suponen según Ana Molina 1/3 de los problemas de salud: la radiación solar, la contaminación, el tabaco, la temperatura, la nutrición, la falta de sueño y el uso de los cosméticos, como avala la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). De esto mis colegas y yo nos quedamos con el peligro del azúcar a nivel de piel: resulta que la glicación destruye el colágeno. Es decir, si nos atiborramos a pasteles, tendremos más propensión a la flacidez. Sobra decir que en plena merienda en la que nos encontrábamos, muchas nos pasamos a los canapés de jamón.
  6. Rutina cosmética: limpieza, hidratación, protección y transformación. He aquí las 4 patas de la mesa de una piel bien cuidada con cremas.
  • Empezamos por la limpieza, que cada uno hace a su manera o según gustos: agua micelar, mousse, aceite o leche seguida de tónico o combinada con un segundo producto limpiador y en algún caso, la (tan de moda) loción que nos llega de las coreanas, tan obsesionadas con el gesto de higiene facial. Me quedo con el consejo de la dermatóloga: prestemos especial cuidado a la limpieza nocturna, que es cuando el cutis está más cargado de suciedad, maquillaje e impurezas. Un solo producto sabe a poco.
  • Una piel hidratada no solo tiene mejor aspecto, también menos arrugas. ¿Y qué puede hacer un producto hidratante? Como explican en la editorial científica Elsevier, mantener y aumentar el nivel hídrico, que en condiciones ideales es del 10-20%. Las emulsiones acuosas liberan agua hacia el estrato córneo, y las oleosas forman una película oclusiva que retrasa la pérdida de agua. Entre las primeras está el glicerol, el sorbitol, los glicoles, los hidrolizados de proteínas, las vitaminas hidrosolubles como el dexpantenol y las macromoléculas como el ácido hialurónico, que es mi favorito por su capacidad brutal de retención de agua. Por último tenemos las sustancias oclusivas que dejan la piel muy suave por su “efecto film”, como la vaselina, la lanolina o las siliconas: de estas quiero decir que aunque en los últimos tiempos están demonizadas, a mi me encantan por ese tacto de terciopelo que dejan.
  • Protección. Frente a la radiación ultravioleta, y también frente a la polución. En el orden de aplicación suele haber cierta confusión: ya me lo dijo la doctora Molina: las sustancias humectantes van primero (por ejemplo, un sérum de hialurónico), seguido de otras más oclusivas, como una crema, y por último el FPS. ¿Puede ir todo junto? Así sería, sin ir más lejos, en el caso de unas ampollas de tratamiento ricas en antioxidantes, factores hidratantes y protección solar, como las Endocare C Proteoglicanos SPF 30. Y para quienes vivimos entre emisiones de dióxido de carbono y humos varios es perfecto el Endocare C Ferulic Edafence Serum: su extracto de Deschampsia antarctica combate los efectos de la polución y el envejecimiento.
  • Transformación: ya tenemos la piel limpia y acondicionada, pero ¿qué activos consiguen que frene el envejecimiento y se ponga en acción? Como me explicó la Dra. Molina, están los hidroxiácidos y los retinoides.¡No puedo estar más de acuerdo! Pero siempre, bajo la premisa de utilizarlos bien. Ya es hora de desmontar el tópico de que la piel sensible no puede utilizarlos: puede, y debe, en algunos casos empezando con concentraciones bajas y aumentando progresivamente la dosis. Ahí está la línea Retincare, con retinoides y glicólico; Neoretin, que incorpora el ácido tranexámico para disminuir las manchas; o Neostrata con tecnología AHA´S, ácidos orgánicos que renuevan, exfolian e hidratan la tez. También coincidimos Ana y yo en la importancia de la estimulación dérmica, y pocas tecnologías lo consiguen tanto como la SCA, rica en factores de crecimiento y capaz de estimular y reparar los fibroblastos para que fabriquen colágeno de calidad. Mi debilidad son las ampollas Endocare Radiance C20, con SCA, vitamina C y proteoglicanos.
Silvia Capafons

Silvia Capafons

Periodista de belleza y salud