Enganchada al efecto Loop, por Silvia Capafons

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Cuando oí hablar del Efecto Loop en cosmética pensé por asociación en guitarras eléctricas y en amplificadores multi-efectos, y no vi la relación. Me sonaba parecido a otro efecto del momento, el Efecto Wow, ya sabéis: esa forma onomatopéyica de decir que una experiencia ha sido la bomba. Pensé en su traducción literal: bucle, y me despistó aún más si cabe. Entonces me fui a la “biblia de tendencias”, Instagram, y puse el hashtag #efectoloop. Así fue como di con las ampollas Endocare C. Las tenía en casa porque son las que más utilizo, pero no había reparado en que allí, en la caja, estaba escrito. Así descubrí el verdadero sentido del Efecto Loop: de la misma forma que un amplificador tiene bucle de efectos de sonido, una fórmula cosmética bien trabajada puede tener lo propio en cuestión de piel y conseguir diversos resultados en cadena.

De Endocare C he probado toda la línea y me gusta entera, según el momento: las Oil Free me encantan en verano (las prefiero con proteoglicanos), y las nuevas con SPF 30 son perfectas para el resto del año, porque no hace falta ponerse aparte el protector solar. En ese momento tenía a punto de empezar las C 20 y me dispuse a sentir la “experiencia Loop”. Y esto fue lo que descubrí:

  • El efecto Loop se produce por la acción en cadena que provocan los factores de crecimiento SCA. Dicho así suena a chino, pero viene a decir que la tecnología de Endocare C a base de factores de crecimiento activa la piel y genera un efecto multiplicador (aquí está el bucle) porque actúa en las diferentes capas de la piel, reactivando las células y generando nuevos factores de crecimiento. Resulta que estos factores juegan un papel fundamental en la regeneración cutánea, y al combinarse con la vitamina C pura y estabilizada y los proteoglicanos consiguen tres acciones muy potentes: regeneran, iluminan y evitan la oxidación. Yo incluyo una cuarta que he notado con los proteoglicanos: hidratan mucho, y el resultado se mantiene todo el día.
  • La piel te cambia en un momento. Puedo vivir al borde del estrés máximo por el día y de noche acudir a un evento tirando de Efecto Loop, porque se que no voy a tener que usar tanto maquillaje, ya que ese cuádruple beneficio va a velar por mi cutis hasta que me vaya a dormir.
  • Es perfecto para las Navidades. Justo por esa capacidad de aportar buena cara al momento y que dure, la tecnología con efecto Loop es ideal para empalmar oficina con cena o evento festivo.
  • Resultados a corto… ¡y largo plazo! Hay ampollas y ampollas. Muchas tienen básicamente un efecto flash, pero a mi me gusta que “traten”. Es decir, que vayan más allá de dejarme la cara bonita unas horas. Un buen Efecto Loop actúa en todas las capas de la piel, así que trabaja a todos los niveles.
  • Es un producto muy rentable. Dura, y dura. Lo es porque consigue muchos beneficios en un solo producto y porque no es necesaria mucha cantidad: en una aplicación a veces uso un tercio de la ampolla, otras en las que me esmero más en cuello y escote, media. Y si la cierras bien, la fórmula permanece intacta hasta 7 días, que es mucho.
  • El escote gana mucho. Si soy sincera reconoceré que en invierno me olvido del escote a la hora de aplicar mis cremas, porque está tapado y me da frio solo de pensar en descubrirlo. Pero llevo alrededor de un año poniendo mi ampolla de Vitamina C con efecto Loop en esa zona y tengo que decir que la piel está mejor, y se han difuminado las líneas verticales (aún finas, pero ahí están).
  • Efecto Loop sí es Efecto Wow. Pues resulta que al final sí lo es, porque el Loop lleva al Wow… ya me entendéis.

¿Las habéis probado? ¿Me contáis vuestra experiencia?

6 Mitos sobre la caída capilar, por Silvia Capafons

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El otro día me preguntaba mi hija de 9 años si el pelo se caía porque era como las hojas de los árboles en otoño; había visto en la tele un anuncio de un champú para tal cuestión. Mi pequeña sabiondilla no hizo más que confirmarme que la lógica de los niños es siempre la mejor. Como periodista de belleza y salud y como portadora de un cabello terriblemente fino, soy consciente de que hay épocas muy puñeteras para él: son letales los cambios de estación, sobre todo octubre y noviembre, aunque la primavera también se las trae.

El tema me ha dado qué pensar, así que voy a exponer 6 mitos sobre la caída capilar que van a aliviar a más de un@ y que sí están respaldados por dermatólogos:

  • Lavarse el pelo a menudo favorece la caída.

Hacerlo a menudo NO favorece que se desprendan más pelos. Como deportista y mujer (si tienes el pelo largo sabes de qué hablo), conozco mil triquiñuelas para no tener que lavar el pelo cada vez que sudo después de hacer ejercicio: que si un champú seco (a mi me deja el cuero cabelludo y las raíces como si me hubiera echado un saco de harina por encima), que si coleta (ay, ¡recoger el pelo sucio y húmedo es peor!), que si planchar las puntas para que no se note tanto (es como recalentar una paella del día antes, que en el momento está pasable pero al enfriarse se queda apelmazada)…dejemos los apaños sin sentido. Porque como explica la Academia Española de Dermatología, el cabello que cae con los lavados está previamente dañado o enfermo. “Ese pelo que cae al lavarlo también lo haría al peinarlo o con el roce de la almohada”, me contó una vez el doctor José Carlos Moreno, Catedrático de Dermatología.

  • Si tienes el pelo graso, ahorra champú.

Más de lo mismo. En un congreso fuera de Madrid lo hablé con la dermatóloga Lola Conejo-Mir, porque otra periodista y colega quería ir a las sesiones perfecta, pero no sabía cómo librarse de la sensación de grasa capilar y no estaba dispuesta a lavarse la melena cada mañana en el hotel “por no acostumbrar al pelo”. Lola me dijo que la cantidad de grasa que produce cada persona está determinada hormonalmente y no exclusivamente por la cantidad de veces que lavamos la cabellera. “Si el pelo se engrasa frecuentemente habrá que lavarlo ídem, y sino, espaciar los lavados, no hay más norma”, me dijo. Apuntado lo tengo, porque me sirvió para elaborar una nota de prensa, ya que por aquel entonces formaba parte del gabinete de comunicación de la asociación de dermatólogos.

  • El cepillo es el demonio.

Todo lo contrario: Cepillar la melena a diario favorece el masaje y el aumento de la microcirculación sanguínea, así que coge fuerza. ¿O pensabas que la sofisticada escena de esas divas en batín de raso sentadas frente al tocador cepillo en mano era un simple gesto estético en las películas? Eso sí, el cepillo debe ser de cerdas naturales y suaves.

  • El brushing va a dejarte cuatro pelos.

No. A menos que abuses de él con tirones (podrías producir alopecia por tracción) y a temperaturas altas (que alteraran el ciclo natural de cada cabello), utilizar planchas y secadores empeorará la calidad de la fibra y la deshidratará, pero no va a producir alopecia.  Y lo mismo ocurre con lacas y productos de styling. Según el dermatólogo experto en tricología Sergio Vañó, “el uso de gominas, lacas, champús o tintes no produce más caída”.

  • Cortar el pelo lo vuelve más fuerte.

Soy consciente de que más de una va a celebrar esta revelación y probablemente deje de odiar profundamente a su peluquero, casi siempre de “tijera fácil”: no va a hacer que crezca más fuerte. Otra cosa es que ópticamente lo parezca, porque quede igualado a la altura de las puntas, ya que no todos los cabellos consiguen alcanzar el mismo objetivo de longitud.

  • Usar sombreros asfixia el pelo.

Ya puedes disimular un “bad hair day” con un sombrerito mono o coleta y gorra si vas de sport, porque el pelo no respira ni se ahoga: recibe inervación por la raíz.

Lo que sí ayuda para frenar la caída capilar:

Una vez sabido que podemos relajarnos con muchos gestos diarios para poder mantener la melena en su sitio, pongámonos serios (ahora sí toca) con algunos consejos que los mismos dermatólogos recomiendan. Y son:

  • Comer bien.

Toca hacer acopio de alimentos ricos en vitaminas C, E y D, zinc, hierro y Omega 3. La época nos lo pone fácil: naranjas, mandarinas, kiwis, frutos rojos, pimientos, legumbres, carne y pescado azul.

  • Dormir mejor.

Más allá del humor, habrás notado que la piel está peor cuando no descansas bien, ¿verdad? Pues al pelo le pasa lo mismo. Además, si dormimos mal sufrimos más estrés, y este dispara el cortisol, que afina el folículo piloso.

  • Evitar abusar de las coletas y peinados muy tirantes.

Seguramente estilicen los rasgos y queden divinos, pero pueden producir alopecia por tracción. Por no hablar del dolor de cabeza que dejan…

  • Tomar un complemento alimenticio específico para el tipo de alopecia.

La mayoría de los que hay en el mercado no son especializados y suelen estar compuestos por vitaminas, minerales y oligoelementos que refuerzan la raíz en cualquier circunstancia. Pero hay novedades y buenas noticias para quienes pueden culpar a padres/abuelos de su caída capilar: ya existen las primeras y contrastadas fórmulas dirigidas a la alopecia hereditaria. El pionero es Iraltone Aga de Cantabria Labs, que ahora saca su versión Plus, y os cuento porqué. Además de biotina (vitamina B7), zinc, cobre y cistina, todos ellos fundamentales para reforzar la raíz, incorpora Vitamina D y dos ingredientes que han demostrado científicamente actuar sobre la caída capilar crónica severa: Serenoa repens (pertenece a la familia de las palmeras y se utiliza con fines medicinales) y una planta herbácea llamada Cucurbita pepo (aceite de semilla de calabaza).

  • Ve al dermatólogo.

Si es de tipo androgenético, el dermatólogo te recomendará qué tratamiento seguir: hay medicamentos que pueden aplicarse vía tópica (en el cuero cabelludo), como el minoxidil, fármacos androgénicos (finasterida), microinyecciones de dutasterida, plasma rico en plaquetas y otros complementarios como el láser de baja potencia o la mesoterapia combinada.

5 Verdades sobre el retinol, por Silvia Capafons

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Cada vez que una amiga me pregunta “¿qué cremas me compro?”, pienso…”ya está aquí la pregunta del millón”. Siendo periodista de belleza, mi entorno da por sentado que tengo la respuesta universal, y que además es una sola. Así que, después del consabido “pues depende de tu tipo de piel, de las necesidades de cada momento y bla, bla, bla”, añado el trío de activos que para mi son imprescindibles y que sé que funciona en casi todos los casos, con sus variantes y distintas concentraciones: retinol, antioxidantes y protección solar. De los antioxidantes (y de la fotoprotección) ya os he hablado en otras ocasiones, pero no del retinol, del que solo puedo decir maravillas.

Sí, el retinol en todas sus modalidades, siempre derivados de la vitamina A, es el mayor activo antiedad conocido hasta la fecha y reconocido por la comunidad científica: disminuye las arrugas, difumina las manchas, renueva la piel, la regenera, le aporta luz, cierra los poros….la joya de la corona cosmética. Peeeeeeerooooo…¿Qué fórmula utilizo, cuándo y cómo? ¿Descanso o sigo? ¿Me irritará la piel?

Voy a intentar dar respuestas después de hablar con muchos dermatólogos largo y tendido sobre el tema:

1. Ácido retinoico, retinol, retinoato…mil y una formas de los retinoides.

Ácido retinoico, retinol, retinoato…todos los retinoides cruzan la barrera cutánea activando unos receptores de las células para evitar el envejecimiento; según me contó una vez Isabel Aldanondo, Jefa de Dermatología del Hospital Quirón San José en Madrid, de todos los retinoides el ácido retinoico es la forma activa de la vitamina A, aunque a la vez puede producir irritación. Por su parte, el retinol se transforma en nuestra piel en ácido retinoico y es el menos irritante, y el retinoato funciona como un ácido retinoico, pero sin enrojecer.

2. Si tienes la piel sensible, también puedes utilizar retinoides.

Sí, es una buenísima noticia para todos los cutis que tienden a enrojecerse y a picar y que antes solo se atrevían a mirar los derivados del retinol en el estante de la farmacia. Hoy en día existen productos con esta maravilla de activo y son perfectamente tolerados por esas pieles reactivas; eso sí, tiene que prescribirse de la forma adecuada. En España, la concentración más baja que se comercializa de ácido retinoico es al 0,025%, pero pueden hacerse fórmulas magistrales con menor concentración. De todas formas, las pieles sensibles se acaban acostumbrando al retinol más potente, y llega un momento en que la sensibilidad y la descamación desaparecen.

3. No es un ingrediente solo para la noche.

Hasta hace poco se creía que sí. Pero según se ha comprobado la culpa era de que quien lo aplicaba de día salía a la calle a pleno sol sin fotoprotección, y por eso sufría quemaduras. Hoy se sabe que no hay problema si utilizamos la cantidad adecuada y después nuestra protección. De hecho la industria cosmética se ha apiadado de las pieles que necesitan un empujón extra a la hora de renovarse a todos los niveles y han creado productos que incorporan retinol o ácido retinoico junto a una alta protección solar, nunca menor de 50. Lo que sí hay que tener cuidado es con la luz, porque es verdad que descompone la fórmula de cualquier retinoide, por eso esta viene en envases opacos.

A mi me gusta mucho el Serum Booster Neoretin Discrom Control, con tecnología RetinSphere a base de retinoato, un derivado del ácido retinoico que ha sido modificado para no producir irritación. Lo aplico de noche, pero también existe la versión de día en gel crema y con SPF 50, que voy a empezar a probar en breve (ya os contaré).

4. No hay que hacer parones.

Otra antigua creencia que desechar: no se puede utilizar de forma continuada. ¡Al contrario! Usar el precursor de la vitamina A unos meses y “descansar” otros solo supone perder los efectos continuados. Es como apuntarse al gimnasio tres meses y dejarlo otros tres: lo de vivir de las rentas, a la hora de cuidarse, como que no.

Uno de mis top es Ossential Advanced Radical Night Repair de Zo Skin Health (solo a la venta en clínicas) que me recomendó la dermatóloga Cristina Eguren en su consulta. Fue ella quien me descubrió la fantástica línea de cosmética médica desarrollada por el prestigioso dermatólogo Zein Obagi en Beverly Hills, y me explicó que el secreto es su alta concentración de retinol, activo de avalada eficacia antiedad. Yo lo aplico varias noches a la semana, según la recomendación de la Dra. Eguren, y noto resultados desde las primeras semanas.

5. No solo funciona contra las arrugas.

De todos los activos antiedad es mi número uno porque difumina las arrugas, sí, pero también las manchas, porque inhibe la producción de melanina; y regenera la piel desde dentro, así que mejora su textura y cierra los poros. Yo, para empezar el otoño, no concibo mi rutina cosmética sin retinoide, porque vuelvo de las vacaciones con todo el pack.

Ahora te preguntarás si todo es tan maravilloso como parece. Te diré que si tengo que ponerle algún “pero” a los retinoides es que al principio la piel se nota un poco seca y tirante, pero es un efecto necesario para resetearla desde dentro, y dura poco. En mi experiencia, al cabo de un mes de utilizarlos la piel está luminosa, unificada, más lisa y saludable.

Eso sí, te recomiendo que consultes con el dermatólogo antes de decantarte por una fórmula o una concentración, sin duda es quien mejor podrá asesorarte.

¿Y tú, has probado el retinol o sus derivados?

Mi querida vitamina C: Te necesito en mi piel, por Silvia Capafons

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Querida Vitamina C: Hoy voy a escribirte para agradecerte todo lo que le das a mi piel. Si tuviera que serle fiel a un solo activo, ese serías tú. Si solo pudiera escoger un producto cosmético (aparte del indiscutible protector solar, claro está), te elegiría a ti en todas tus versiones posibles: cremas, sueros, mascarillas… pero sobre todo, en ampollas. Y te voy a contar porqué.

piel despues del verano

Mi piel, a la vuelta de vacaciones: S.O.S

Empezaré contándote, mi querida Vitamina C, porqué te necesito tanto. Lo hago todo el año, pero en este momento de la rentrée, sin ti no soy nadie. Llego de la playa con la piel seca, con manchas, con más arruguitas de las que tenía y falta de elasticidad y brillo. Cuando me siento optimista pienso en lo mal que escogí el espejo de mi casa, ¡qué mal iluminado!, en la playa eso no pasaba. Luego me doy cuenta de que un poco sí, pero que junto al mar la piel brilla más y que apenas me miraba en él; total, el descanso tiene que serlo para todo, hasta para bajar la guardia con el perfecto estado de revista y aparcar el maquillaje, la plancha, el secador y el esmalte de uñas. ¡Qué liberación! Lo que sí hago en verano es limpiar mi piel día y noche, aplicar de día vitaminas antioxidantes seguidas de mi protección solar, e hidratar por la noche con sueros ricos en Vitamina B5 o ácido hialurónico. En cambio es llegar a la ciudad, y la piel pierde todo su lustre. Así que sí, vuelvo a ti, aunque en realidad, nunca te he abandonado.

¿Qué me aportáis, ampollas de vitamina C?

Y dejo de dirigirme a ti en segunda persona para no apabullarte.

En realidad, los beneficios de la vitamina C en la piel son muchísimos, si empiezo no termino. Lo más importante es que es un potente antioxidante que previene los radicales libres generados por el sol, la contaminación o el estrés. En el organismo tenemos de forma natural antioxidantes, pero no son suficientes para luchar contra esos radicales libres, sobre todo en momentos en los que en el caso de la piel, se ve sometida a las agresiones que he comentado. Entre los beneficios de la vitamina C está la formación de nuevo colágeno, y eso le da esa elasticidad al cutis y le ayuda a recuperar firmeza. También unifica el tono y aporta luminosidad.

La vitamina estrella puede presentarse de mil maneras: en crema, en suero, en mascarilla, en limpiadora, y sobre todo, en ampollas para el rostro, mis favoritas. Voy a centrarme en ellas, en las ampollas de vitamina C: para la cara son perfectas porque mantienen la pureza del activo, que de por sí es muy inestable.

¿Todas las ampollas de vitamina C son iguales?

En absoluto. Y una puede volverse loca en la farmacia ante tanta oferta, pero no todas tienen la misma concentración y efectividad. El problema con esta vitamina es que es muy inestable, y para que sea activa debe formularse en un medio que no se altere ni se oxide. Por eso las ampollas de Vitamina C son tan buena idea, porque solo están en contacto con el aire cuando se abren para ser usadas. Además es importante que la textura se adapte a cada piel: algunas marcas, como Endocare, tienen varias opciones: para pieles secas, las C 20 combinan un 20% de Vitamina C pura y estabilizada (que es una muy alta concentración) con proteoglicanos, y luego están las Oil Free (con y sin proteoglicanos), para mixtas y grasas. Proteoglicanos: ¿la palabreja te suena, pero no sabes qué son? Se trata de proteínas y polisacáridos que están en la dermis y la epidermis, que hidratan y producen un efecto flash de tensión. Así que yo, que tengo la piel a veces normal y a veces seca, combino las ampollas para la cara Oil Free con proteoglicanos, con las C 20 también con proteoglicanos.

vitamina C Silvia Capafons

¿Cuándo utilizo las ampollas de vitamina C?

Ya lo he dicho: todo el año. Pero me pongo especialmente cabezota cuando necesito cuidados excepcionales: a la vuelta del verano, en momentos puntuales de estrés, o cuando quiero un tratamiento intensivo de choque.

¿Cómo utilizo las ampollas para la cara de vitamina C?

Vienen con un aplicador/dosificador para abrirlas sin hacerte daño, porque ojo, si no lo utilizas te puedes cortar. Una vez abiertas y después de la limpieza se extiende media ampolla en rostro, cuello y escote, con toquecitos y evitando el contorno de los ojos. Espero un minutito y después aplico o bien crema, si creo que la necesito, o bien el protector solar directamente. La otra mitad puede guardarse con el tapón que traen y utilizarse en las siguientes 24 h para no perder efectividad.

¿La vitamina C mancha la piel?

No, eso es un tópico. La Vitamina C, sea en ampollas, crema o suero no produce manchas, todo lo contrario, ayuda a unificar el tono, porque este antioxidante hace de regenerador celular y actúa sobre la melanina. Eso sí, por la mañana no hay que olvidarse de aplicar después el protector solar.

¿Os cuento mi secreto más top?

Tssss….Esos días en los que creo que mi piel pide a gritos una dosis extra, o los fines de semana que estoy más free, después de la media ampolla de Vitamina C me vengo arriba y aplico una mascarilla que contenga más de mi activo favorito junto a otros que la enriquezcan y dejan la piel más luminosa. Es mi momento “mimos”, y lo disfruto. Una de mis favoritas es Endocare-C Peel, que combina la C con otros antioxidantes, como la Vitamina E y el Resveratrol, Pro-retinol (el rey de la regeneración), y ácido hialurónico (mi favorito para hidratar). Es de tipo peel off, y crea una película que después se retira tirando de manera suave.

Y tú, ¿utilizas Vitamina C en el rostro? ¿Prefieres las ampollas, el suero o la crema?

Cosmética de noche para levantarse con buena cara, por Silvia Capafons

Cosmetica Noche

A los 20 una podía pasar una mala noche (o una muy buena), y levantarse incluso con una cara radiante sin más esfuerzo que limpiar la piel, aplicar agua fría y algún contorno reductor de bolsas y ojeras. Una década después, ya no. La razón es simple: la noche es el momento favorito de la piel para regenerarse, y si la privamos del sueño necesario (entre 8 y 9 horas, según cada uno), le estamos quitando la posibilidad de reponerse bien. Según vamos cumpliendo años, cada vez tiene que trabajar más, porque la máquina empieza a ir más despacio. Un estudio de la Academia Americana de las Ciencias confirma que descansar un máximo de 6 horas durante una semana altera nada menos que hasta 700 genes. Claro que no siempre es posible cumplir objetivos: trabajo, niños, casa, cenas…por eso es básico escoger la mejor cosmética de noche para levantarse con buena cara, y por supuesto, complementarla con la de día más eficaz. Os cuento lo que le ocurre a la piel por la noche, después de todo el día luchando contra factores ambientales, y cómo utilizar los activos top para tener buena cara.

¿Qué le ocurre a la piel durante el día?

A menos que vivas en una burbuja, seguramente tu piel reciba una buena dosis de contaminación, de radiación solar y de estrés: yo voy bien surtida de los tres. Todo eso genera radicales libres, y las células cutáneas se defienden como pueden, sobre todo intentando evitar la oxidación.

medioambiente

¿Qué activos necesita la piel de día?

Básicamente antioxidantes, y los reyes son la Vitamina C y la Vitamina E, perfectos para combatir esos enemigos medio ambientales que se empeñan en apagar la piel y añadir manchas, arrugas, sensibilidad y sequedad. Hay que aplicar estos activos con la piel bien limpia (una máxima útil como “pre” a cualquier cosmético), y después de extenderlos, seguir con una protección solar alta, que también haga de escudo contra la radiación UV.

¿Qué hace la piel mientras duermes?

Cuando se hace de noche, de forma natural se activa la función reparadora, y la piel está más receptiva que nunca. Es más, hay unas horas en las que la regeneración funciona al máximo y “exprime” los principios activos: son las Golden Hours, entre las 23.00 y las 2.00 am. ¿Qué ocurre cuando dormimos poco? Que baja la síntesis de proteínas, y eso disminuye la regeneración celular.

 ¿Cuáles son los mejores cosméticos de noche?

Hasta hace poco las cremas faciales de noche se limitaban a nutrir. Es más, nos referíamos a ellas como “las nutritivas”, ¿verdad?. Pero a la piel le hace falta mucho más que eso, porque como hemos dicho tiene que reponerse del ataque medioambiental, y además, cada una es un mundo en cuanto a necesidades; vamos, que no todas piden un extra de lípidos. Y por eso llegó hace escasos años el boom de las Sleeping Cream, esos productos no necesariamente en crema (a menudo en gel, hidratante pero ligero; o en mascarilla), y de los sueros de acción nocturna: quedaba claro que cuidarse de noche no era una cuestión de texturas pesadas, sino de ingredientes adecuados.

Si nos centramos en la función de una crema de noche, os diré que es la de complementar esa regeneración que le darían esas fantásticas y a veces inalcanzables 8 horas de sueño. Y el cutis necesita un buen complejo antiedad con proaminoácidos, principios hidratantes como el Ácido Hialurónico, factores de crecimiento, antioxidantes y retinol, el rey antiedad capaz de renovar la piel, difuminar arrugas, controlar las manchas e inducir la síntesis de colágeno y  elastina.

De noche me cuesta arañar más de 7 horas en horizontal y no perdono una buena crema capaz de reparar la dermis a nivel celular, estimular la síntesis de colágeno para combatir la pérdida de firmeza, redensificar e hidratar a fondo. He empezado a utilizar Neostrata Dermal Replenishment y tiene todo lo que hace falta: aminoácidos hidratantes, moléculas que reducen las arrugas y engrosan la piel, y antioxidantes anti-radicales libres.

cuello

Ah! Y no nos olvidemos del cuello y el escote, porque están tan expuestos casi como la cara (más yo, que salgo a correr y no precisamente de cuello vuelto) y si no los cuidamos bien se convierten en auténticos chivatos de la edad que nos marca el carné de identidad. Pero como su piel es aún más fina, necesitan productos específicos que estimulen el colágeno, así como antioxidantes que combatan los contaminantes y difuminen las manchitas que salen sobre todo por culpa del sol. Mi top es la Crema Reafirmante Cuello y Escote también de Neostrata. Incluye mi querida Vitamina E, pro-aminoácidos y moléculas que activan la elasticidad. La aplico desde el sujetador hasta el cuello, en movimientos ascendentes y hacia los laterales.

¿Y tú, qué rutina de noche sigues?

8 Retos de la protección solar en niños, por Silvia Capafons

8 retos Proteccion Solar

Soy madre. Eso significa que tengo hijas de carne y hueso, y no muñecas que se dejan poner y quitar los trajecitos cuando a una le parece, o echar cremitas sin más, y así podría seguir con el resto de cuidados cotidianos. Si quedaba alguna duda la despejé cuando llevé a mi primogénita a la playa por primera vez, con tanta ilusión como estrés tan solo dos minutos después: Ya habían pasado los primeros meses en los que no deben recibir exposición directa del sol, era última hora de la tarde y aún así, sabía que tenía que extremar precauciones, así que metí en la bolsa el fotoprotector pediátrico (mineral, como debe ser cuando son pequeñitos), el gorro, la camiseta y hasta las gafitas de sol. Incluso me hacía ilusión tanta parafernalia…hasta que me di un buen baño, pero de realidad: qué ardua tarea la de aplicar el fotoprotector a un niño, qué difícil que aguante el gorrito más de 2 segundos, y de las gafas, ni hablamos. Pero de todo se aprende, y ya con la segunda, me he sacado el máster oficial.

Voy a contaros cuáles son para mi los 8 retos de la protección solar en los niños, y mis trucos para conseguir que su piel esté a salvo y no se queme.

1. Que se pongan el fotoprotector antes de salir de casa.

Ley de Murphy: Cuando vas a hacerlo ya se han vestido. Es la única circunstancia en la que ocurre, pero así es. Así que toca pacientemente desvestirlos, aplicar el protector solar 20 minutos antes de bajar a la playa o piscina, y ponerles la ropa otra vez. Esperar que ellos sean conscientes de los riesgos del sol es esperar mucho, así que me lo tomo como una fase más de todo el ritual “pre”, y después de dos o tres veces, ellos también. Como peinarse o lavarse los dientes, vaya. 

2. Extenderlo en toda la piel y no “donde pille”.

Un niño quieto es casi una incongruencia, pero en movimiento la tarea de extender el fotoprotector se complica. Yo tengo mi truco, que no es otro que la “maniobra de distracción”: mientras se lo pongo les cuento un plan chulo o algo divertido (dormidos lo he probado y no funciona). Así puedo extenderlo bien, sin olvidarme de cada rincón, incluidas las orejas, los labios, las axilas, el dorso y las plantas de las manos y los pies…esas zonas que se nos olvidan siempre y que se queman con facilidad.

3. Poner la cantidad necesaria.

No es suficiente con poner un flus y pensar que así cubrimos el expediente, hay que extender aproximadamente 2 gr/cm2. Pero como no suelo llevar una báscula portátil, tiro de la otra referencia: una porción equivale a una cucharadita por cada zona corporal en un adulto, y en el caso de los niños, algo menos. Lo importante es que estén cubiertos al completo.

4. Reaplicar cada baño o cada dos horas.

Pensarás: ¿Y cómo, si según sale se vuelve a meter sin que me de tiempo a abrir el tapón? Es cuestión de aplicarlo antes, dejar que se bañe y cuando salga, con la piel seca, extender otra vez el fotoprotector pediátrico. ¿Tu pequeñ@ no se baña hoy por algún extraño motivo o porque está pachucho? Igualmente hay que reaplicarlo, en este caso a las dos horas.

5. Que le guste la textura y no le parezca pringosa.

“Mamá, es pegajoso”. Es una de las afirmaciones más comunes ante el binomio niño-fotoprotector. Pero por suerte, hoy en día, incluso los fotoprotectores pediátricos tienen texturas mucho más agradables y fáciles de extender. Eso sí, antes de los 3 años se recomienda utilizar filtros minerales.

6. Que se pongan gorro, gafas y bajo la sombrilla.

Confieso que esto no lo he conseguido todavía, pero no cejo en el empeño. Este año prometo comprar gorras que les molen, y dejar atrás las de Bob Esponja para la mayor, que tiene ya 9 años, y lo mismo era este un motivo de peso para su negativa. Con las gafas, ídem, siempre con cristales homologados por la CE, y también camisetas con SPF. Respecto a la sombrilla: es innegociable, entre baño y baño, a cubierto.

7. Que sigan una alimentación rica en antioxidantes para protegerse mejor y quemarse menos…o tomen fotoprotección oral específica.

Es mencionar el brócoli, los pimientos y las zanahorias y ponerme mala cara las dos. Estos productos contribuyen a que la piel esté más preparada para defenderse de la radiación UV, pero harían falta cantidades imposibles de conseguir en la mesa con mis hijas. Aquí la solución es mucho más fácil: la fotoprotección oral para niños, novedad de este año que ha lanzado Heliocare con el nombre 360º Junior Oral Sticks. Tiene la tecnología Fernblock basada en el extracto del helecho Polypodium leucotomos, que ha demostrado aumentar la resistencia de la piel frente a la quemadura solar y reparar los daños que el sol produce en la piel. No necesita tomarse con agua y es eficaz desde la primera toma, así que es perfecto para tomar media hora antes de ir a la piscina, las semanas de campamento o un finde antes de un partido de fútbol. Además viene en sobrecitos granulados sabor naranja y les encanta.

8. Ser capaz de no abalanzarme con el fotoprotector sobre un niño “sin”.

Me cuesta horrores contenerme, de eso dan fe mi marido y mis hijas. Yo es ver un niño sin crema y empezar a temblarme el párpado. Antes o después le acabo diciendo al padre o madre educadamente si quiere del nuestro, ante lo que he recibido todo tipo de respuestas, algunas para olvidar. Seguramente ese papá o  mamá no sabe que la piel tiene memoria y que el 80% del daño solar se produce antes de los 18 años, así que me queda claro que los periodistas tenemos que seguir haciendo hincapié. Y sí, os lo he contado con humor, lo que no quita que al sol me lo tome como lo que es: un aliado magnífico si sabemos relacionarnos con él, o nuestro peor enemigo si no nos protegemos (y sobre todo a nuestros hijos) siguiendo estas normas básicas y aplicando un poco de sentido común.

¿Qué puedo hacer para preparar mi piel para estas vacaciones?

Prepara Piel Vacaciones

Por la periodista Silvia Capafons

Con el verano y la piel pasa como con todo: cuando nos queremos dar cuenta irrumpe el sol a lo loco y con todas las ganas, que son parecidas a las nuestras, pero no a las de nuestro cutis, al que le pilla sin verlas venir. ¿Cómo me puedo adelantar?

  • Antes, un buen peeling. Ojo, que no nos pille el toro: un peeling capaz de eliminar las células muertas y de regenerar la piel desde dentro es un buen regalo que yo decido hacerle a mi rostro en la antesala veraniega, pero tiene que ser antes de que llegue el sol. Como no me gusta pelarme, suelo elegir los de tipo superficial a base de antioxidantes que mejoren su textura y color, estimulen la síntesis de colágeno y me ayuden a fabricar ácido hialurónico. Según cómo esté mi piel, hago una, dos o tres sesiones.
  • Comer a todo color. La dieta, que sea rica en antioxidantes, porque junto a la fotoprotección oral en cápsulas va a contribuir a reforzar las defensas cutáneas y a que mi bronceado sea más bonito y duradero. Mucho gazpacho natural, ensaladas con tomate, zanahoria y pimientos; y desayunos con smoothie bowls, que están tan de moda y encuentro riquísimos, en los que incluyo frutos rojos o acai.
  • Reforzar mi piel desde dentro con fotoprotección oral. ¿Sabías que aunque utilicemos todos los días un buen fotoprotector y con el FPS adecuado a menudo lo hacemos mal? O no repetimos con la suficiente asiduidad, o nos dejamos zonas sin cubrir. Por eso, y porque a la piel le hace falta un refuerzo extra, es importante la nutricosmética a base de buenos antioxidantes. Por ejemplo, para prepararnos antes de que llegue el verano, o al comienzo, o si hacemos deporte al aire libre, tenemos un fototipo claro, sensibilidad o una piel con manchas y fotoenvejecida; es decir, prácticamente siempre. Y lo mejor es que no cuesta nada: basta con tomar la/s cápsula/s en el momento que indique el prospecto y listo.
  • Utilizar productos con FPS alto, de 50, que combatan todo el espectro de radiación solar: la ultravioleta A y B, la luz visible y la infrarroja. La UVB es responsable de las quemaduras y el eritema, son los daños “que vemos”. Pero el resto de efectos de la radiación solar se ven a largo plazo: los UVA producen el envejecimiento, la bajada de defensas e incluso el cáncer de piel, la radiación visible causa arrugas, manchas y hasta alergias, y la infrarroja penetra en profundidad y degrada el colágeno, así que favorece las arrugas profundas.

Cuando hablamos del fotoprotector no vale cualquier producto, tiene que cumplir unos requisitos: debe tener una combinación de filtros de calidad, un buen complejo antioxidante capaz de neutralizar los radicales libres y de reparar el daño producido en el ADN celular, y una textura que se adapte a mi piel. Eso de no utilizar un producto de protección alta porque la piel queda blanca ha pasado a la historia: hoy en día hay cremas, geles, sprays, fluidos y hasta textura mousse o airgel, y en muchos de ellos el acabado es invisible. También existe la opción “color” para la cara, un buen truco “de camuflaje” cuando no está en su mejor día. A  mi me convence la tecnología Fernblock de Heliocare, porque tiene una acción antioxidante muy potente gracias al extracto de Polypodium leucotomos, un helecho de Ámerica Central que al pasar de la vida acuática a la terrestre desarrolló unos increíbles mecanismos de defensa y reparación frente al sol.

  • No olvidarme del contorno de los ojos y de los labios. Es cuestión de escoger un producto que no escueza cerca de los ojos, que se absorba bien y que no sepa mal. Yo, como practico el running, llevo esto a rajatabla, porque el sudor provoca que el protector pueda entrar en los ojos y porque hace un efecto lupa, aumentando los riesgos. Eso sí, cuando corro prefiero las fórmulas sin color, esas las dejo para el momento “asfalto”.
  • Elegir texturas ligeras cuando la piel es grasa o con tendencia al acné, para no estimular las glándulas sebáceas. Sigo el blog de una dermatóloga de California llamada Cynthia Bailey, que explica cómo con el calor, las bacterias que causan el acné proliferan, y los granitos, una vez curados, pueden dejar marcas si no utilizamos la protección solar adecuada. ¿La tuya es seca? No dejes de hidratarla y protegerla, el verano puede ser bueno para ti. En caso de que sea sensible tienes que decantarte por fórmulas hipoalergénicas y específicas.
  • Plantarle cara a la contaminación, que cuando se acerca el verano aumenta. Sí, nos encanta que luzca el sol, pero esa falta de lluvia se traduce en contaminación. Es decir, más polución, y eso además de ser tremendo para tus pulmones lo es para tu piel, porque genera cantidad de radicales libres. Por suerte, la industria cosmética ha hecho los deberes y ya ofrece sueros o cremas que incluyen una tecnología antioxidante y reparadora, con activos como la vitamina C o el ácido ferúlico.
  • Contrarrestar el cloro, hidratando antes y después. A mi tez la piscina no le pilla en un renuncio, porque sino la siento tan tirante que no puedo ni sonreír con normalidad. Así que esa misma mañana, en mi rutina habitual, hidrato en profundidad, y al volver por la tarde, limpio para equilibrar ese pH tan alterado por el cloro y para restaurar la barrera hidrolipídica: para eso me doy a activos humectantes, como el ácido hialurónico, la urea, la glicerina, los ácidos grasos o los lípidos.

Ahora ya sí, el sol no me puede pillar desprevenida.

¿Cómo nos protegemos del Sol? 8 claves

Nos protegemos del sol


Del sol nos protegemos cada vez un poquito mejor, pero aún hay muchísimo que mejorar, sobre todo en el caso de los jóvenes y de los hombres. Es la principal conclusión que saco del Informe Heliocare “Buenos hábitos al sol y de fotoprotección” 2017-2018 que el laboratorio farmacéutico Cantabria Labs acaba de presentar a los medios de comunicación. En positivo, pero sin bajar la guardia.


Confieso que fui a la rueda de prensa del pasado 22 de marzo pensando que me lo sabía casi todo, error desgraciadamente habitual entre periodistas.

Suena pedante y quizá lo sea, pero a mi favor diré que ya el año pasado Heliocare lanzó datos reveladores al respecto y que cada año escribo y hablo hasta la saciedad del tema en revistas, post y vídeos varios.

Menos mal que de capacidad de sorprenderme ando bien, porque lo hice, y mucho, al escuchar cómo vamos evolucionando los españoles respecto al conocimiento sobre la radiación solar y cómo nos comportamos mujeres y hombres a diferentes edades. Aquí os cuento lo que más me impactó en 8 claves.

1. Podemos ver el sol en tiempo real.

Mi hombre del tiempo favorito, Roberto Brasero, abrió el evento y nos contó que podemos saber cómo está el sol cada día con datos casi a tiempo real: a los 7 minutos nuestro planeta se ha hecho eco de todas sus particularidades. También advirtió de los peligros de la radiación todo el año, y confesó que en la sección meteorológica de los informativos, aunque advierten especialmente de la radiación UV (la más peligrosa) desde junio, no lo hacen a diario porque en televisión sería muy repetitivo. Razón no le falta, pero da qué pensar: corresponderá a otros espacios y otros medios que los periodistas sigamos concienciando, porque según lo que se nos contó después, más vale que sigamos poniéndonos las pilas para prevenir no ya el 90% del envejecimiento (sí, lo causa el sol), sino el cáncer de piel: el 90% de los casos está relacionado con la exposición solar, dice la Skin Cancer Foundation y, aquí un dato removedor de conciencias: cada hora muere una persona de melanoma.

2. El sol es cada vez más intenso y perjudicial, pero se sigue relacionando bronceado con salud y belleza.

No quiero ser alarmista, solo precavida; pero seguimos diciendo a quien se pone moreno “qué buen color tienes”. El otro día le propuse un fin de semana en Berlín a una amiga a la que tengo por culta y cabal. Su respuesta fue: “Yo solo viajo donde pueda ponerme morena”. ¿Cómo? Resulta que según la encuesta de Heliocare, 7 de cada 10 asocia el bronceado con salud y belleza, y el 57% son menores de 25 años. Mi amiga pasa de 40, pero lo sigue pensando. Si la razón para achicharrarse al sol sin límite es tener buen tono, ¿no será más lógico partir de una piel fotoprotegida, sana y bonita, sin manchas, arrugas o sequedad (regalitos del astro rey) y después aplicar un producto con color? Puede ser un fotoprotector que incorpore el tono deseado, una BB Cream, un maquillaje al uso… Sí, al retirarlo volvemos a nuestra naturaleza, pero al irse el bronceado ocurrirá igual y encima habremos acumulado todo el elenco de problemas cutáneos mencionados mas el riesgo de un cáncer. A mi, desde luego, me compensa tirar de fotoprotector.

3. El 40% se ha quemado.

4 de cada 10 tiene presente que ha sufrido quemaduras solares graves alguna vez. Cuando yo era pequeña, la única crema que usaba bajo el sol era una hidratante sin fotoprotección, y cuando al final del día no podía ni rozarme con la ropa, entonces mi madre me echaba varias capas de After Sun convencida de seguir un protocolo de libro. La pobre a día de hoy embadurna a mis hijas con litros de FPS, a ver si purga así su pecado. No era la única, claro está. Por eso cuando pienso que antes de los 18 años ya tenemos acumulado el 23% del daño solar, como explicó María Cuñat, directora de marketing de Cantabria Labs, intento compensar siendo la más aplicada conmigo y con las niñas a partir de ahora; ojalá hubiera protectores con carácter retroactivo, pero creo que no se han inventado todavía.

4. Hay que utilizar el fotoprotector todos los días.

Y no solo en verano o cuando hacemos actividades al aire libre. ¿Acaso no nos da el sol en cualquier momento del año al andar por la calle, conduciendo o sentados en una terracita? Hay cosméticos que incorporan un FPS, pero si no son específicamente fotoprotectores, no suelen pasar de factor 15, así que lo ideal es utilizar el tratamiento adecuado para nuestro tipo de piel y seguir con un fotoprotector 50+ con o sin color, al gusto. ¿Qué te queda la cara pegajosa o blanquecina? Esa excusa valía hace años, pero ya no: los hay en leche o gel, de tacto seco para piel grasa, invisibles para quien tema el efecto máscara, con diversos tonos si quieres pasar del make up… Ojo, jóvenes, porque el 80% utilizáis un FPS bajo o directamente ni lo oléis, y el futuro, aunque parece que no, llega pronto. Papás y mamás, anotemos tarea urgente de concienciación y empecemos por dar ejemplo.

5. Mejor nos ponemos el fotoprotector en casa, pero antes de salir.

Existe la idea de que hay que aplicarlo 20 minutos antes, y claro, es un engorro, porque a ver quién es el perfecto que mientras recoge el desayuno, pone bañadores a la tropa y mete bocadillos en la bolsa mira el reloj en plan cuenta atrás para embadurnar a diestro y siniestro. Aquí María Vitale, directora médica del laboratorio español, tranquiliza conciencias: “Basta con ponerlo antes de salir, porque 5 minutos son suficientes para que los filtros solares hagan efecto”. Vamos, que podemos olvidarnos del cronómetro, basta con aplicarlo en el último momento. Otra ventaja: El producto, en casa, no sufre cambios de temperatura y luz, así que se conserva mejor.

6. Las mujeres nos protegemos más.

Vale, no nos sorprende, somos más aplicadas entre los 26 y 55 años, nuestro FPS de cabecera es 50+ y somos las más concienciadas a la hora de re-aplicarlo. Porque de poco vale extenderlo y olvidarse: hay que repetir cada dos horas, después de cada baño o si hemos sudado mucho. ¿No hacemos lo propio con la barra de labios o el bálsamo cada 2 por 3? Pues esto es lo mismo. Lo curioso es que nosotras seamos las más responsables cuando los hombres tienen más riesgo de desarrollar un melanoma: 1 de cada 27, frente a 1 de cada 42 mujeres. El peligro para ellos está, sobre todo entre los 15 y los 39 años: tienen un 55% más de probabilidades de morir por melanoma que las mujeres.

7. Sabemos que unos malos hábitos frente al sol nos pueden llevar al cáncer de piel, pero no nos aplicamos el cuento.

¿Es eso posible? Lo es. El 97% dice saber las consecuencias, pero ni utiliza el FPS adecuado, ni lo reaplica, ni conoce o consume la fotoprotección oral, un complemento fantástico al FPS que prepara la piel y permite que combata mejor los daños solares.

8. El fotoprotector debe ser de amplio espectro.

No basta con mirar el numerito SPF. Este indica la protección de la radiación ultravioleta, la más dañina, pero también hay que resguardarse de lo nocivo de los infrarrojos y la luz visible, así que hay que buscar productos de amplia cobertura. Tan fácil como mirar la etiqueta. ¿Una referencia? Por ejemplo mirar si cuentan con la Tecnología Fernblock® que protege, neutraliza y repara frente a las radiaciones conocidas.

Porqué elijo las ampollas de Vitamina C

Ampollas Vitamina C

De pequeña dormía con un burrito. Quería ese, no otro, porque era el único con el que descansaba a pierna suelta. En realidad me pasa con todo: Si algo me convence es por algo, y raro es que deje de hacerlo así, por las buenas. Descubrí las ampollas de Vitamina C hace la tira, creo que cuando supe lo que significaba la palabra estrés.

Empezaba a trabajar en esto del periodismo y lo compaginaba con algún curso: no recuerdo que consiguiera dormir más de 6 horas cada noche, y mi piel empezó a notarlo; ni me acercaba a los 30 y estaba deshidratada, sin gracia, con ojeras, manchitas… hecha un asco. Y como siempre es una vecina la descubridora de cremas, potingues y dietas, a mi la mía (aún no me había especializado en belleza) me habló de las ampollas de Vitamina C y de cómo le habían cambiado la vida. A mi la vida no me la cambiaron, pero la piel sí, y para muchísimo mejor.

Desde entonces hago “curas “de dos meses varias veces al año, y si la noto rebelde las uso a diario sin descansos.

Ya no duermo con mi burrito de peluche, pero sigo con mis ampollas de vitamina C.

La Vitamina C debe estar bien formulada

Es cierto que existen mil y un activos que prometen una piel de escándalo, luminosa y radiante, pero yo no he encontrado otro mejor que la vitamina C, y no soy la única, porque cuenta con muy buen respaldo científico y es uno de los básicos de cualquier dermatólogo y experto en piel. Pero, aunque la adoro en todas sus versiones, es en ampollas como más me gusta, porque conserva sus propiedades como ningún otro formato.

Ojo, porque no todo producto con el reclamo “Vitamina C”, contiene la cantidad necesaria y está formulado para conservarla de forma correcta, porque es el ingrediente cosmético más inestable que hay y se oxida.

Por qué elijo la vitamina C como mi activo top

Voy a contar primero porqué elijo esta vitamina para mi piel cada mañana:

  • En primavera, porque prepara mi piel. La vitamina C combate los radicales libres generados por el sol, así que cuando se acerca el buen tiempo preparo mi rostro con una cura de este ingrediente, y trato de tomar más alimentos que la contengan: frutas rojas, cítricos, pimiento, brócoli, etc. También empiezo con un buen complemento nutricional que la contenga, junto a otros antioxidantes complementarios.
  • Antes de irme a la playa, como procedimiento de choque. En los momentos previos a las vacaciones, las ampollas de vitamina C terminan de poner mi piel a punto y me ayudan a contrarrestar los daños cutáneos del estrés de última hora: siempre hay reportajes, vídeos y post que dejar cerrados.
  • Con la rentrée, para reparar. Seguro que te suena: Es llegar del verano, alejarse del mar y notar cómo la piel se reseca y el brillo se va. Pues bien, aquí la Vitamina C no va a devolverte los días de dolce far niente, pero sí la recuperará de los estragos solares.
  • En invierno, para combatir el frío y el viento. Porque unas temperaturas bajo mínimos junto al aire invernal debilitan la barrera cutánea y dejan la cara bajo mínimos.
  • En momentos BBD, para un efecto flash. Bodas, bautizos, comuniones, Navidades, fiestas diversas…Puedo cambiar de maquillaje y de ropa, pero nunca de activo ni de formato antes de un evento: Piel bien limpia, ampolla de Vitamina C seguida del tratamiento que esté usando en ese momento y protección solar, imprescindible.

¿Todas las vitaminas C son iguales?

No lo son, y el porqué hay que buscarlo en lo inestable que resulta, como os decía. Tiene que formularse en un medio que no se altere, y al abrir el envase, utilizarlo pronto o tener un sistema de cierre apropiado, porque sino se oxida. También comentaba a mi me gusta el formato ampolla porque conserva las propiedades de la Vitamina C intactas, y no es fácil.

Productos buenos hay unos cuantos, pero yo descubrí las ampollas de Endocare años ha, y cuando probé las Oil Free con proteoglicanos me enamoré definitivamente, no me extraña que hayan ganado este año los Premios Belleza T de Telva. Al contrario de lo que puedas pensar, no son solo para piel grasa, porque la mía es mixta y son las que mejor me van en determinados momentos, aunque confieso que las combino con las específicas para pieles secas si la noto más deshidratada de lo habitual.

Los proteoglicanos son lo que rematan la fórmula, sin duda: hidratan, iluminan y combaten la oxidación; también contienen SCA®,  factores de crecimiento de la secreción del Cryptomphalus Aspersa, que es una especie de caracol que la produce cuando está en situaciones de “alarma biológica”: no es lo que la gente entiende por baba de caracol, ojo; esta secreción tiene un poder regenerador y antioxidante espectacular. Además las ampollas son cómodas de usar, porque tienen un aplicador para romperlas y un capuchón para que se conserven en condiciones varios días.

¿Cómo utilizo las ampollas de Vitamina C?

  1. Limpio bien mi cara por la mañana.
  2. Abro la ampolla con el aplicador específico, utilizo 1/3 del total aproximadamente y cierro enseguida con el capuchón.
  3. Distribuyo bien en cara, cuello y escote evitando el contorno de los ojos, sin arrastrar y a pequeños toques, con las palmas de las manos.
  4. Espero 1 minuto para que la fórmula se absorba, y después sigo con mi crema de tratamiento (que cambio según necesidades).
  5. Otro minuto después aplico la protección solar.

Acné adulto, ¿Otra vez aquí?

Acne Adultos

Quién más, quien menos ha tenido algún grano en la adolescencia; esas inoportunas protuberancias rojizas visibles a kilómetros que en algún momento incluso se infectaban, supuraban y…no sigo. Confieso que por culpa del acné dejé en alguna ocasión de salir de fiesta o quedar con un chico, al más puro estilo del youtuber Alberto TM en los #acnedramas de Cantabria Labs. Sí, lo hice. Llámame superficial, pero no me ocurrió nada que no le sucediera al 80% de los chavales entre los 12 y los 18 años, como revela la Academia Española de Dermatología. Solo fue esporádico, pero ahí estuvo. Por suerte a los pocos años pude olvidarme de granitos e imperfecciones…hasta que rebasé los 30.

Se supone que estaba en una época vital equilibrada, con un trabajo, vida de pareja y amistades estables. Pero ahí estaban otra vez: en lugar de extenderse por toda la cara, como sucede en esos años caóticos, ahora a mis granos les daba por plantarse en la zona inferior de mi cara, alrededor de la boca y cerca de la mandíbula. Vaya suerte la mía, pertenecer a ese 11-12% de mujeres que padecen acné adulto; mis hormonas estaban sembradas, sí. ¿Y se puede saber porqué? Pues no. Así de claro, no.

La explicación científica de porqué a los dichosos granos les da por aparecer cuando ya no toca no existe, o mejor dicho, no está clara. Sí hay pistas: a partir de los 30 puede ser culpa de algunas patologías hormonales (como el síndrome del ovario poliquístico, el Cushing o ciertos tumores suprarrenales o de los ovarios), y desde luego el estrés lo empeora: ¡Voilá! Yo que pensaba que por fin era una mujer serena, y resulta que el estrés no me dejaba del todo: aún no habían nacido mis hijas, trabajaba como una jabata y como buena (mejor dicho, mala) freelance cogía todas las colaboraciones en revistas que podía y más. Venga a trabajar, y venga a estresarme, y venga a darle a mis hormonas un buen baile…menudo círculo vicioso. Ya me lo dijo entonces mi amiga y dermatóloga Aurora Guerra, que es un libro abierto en materia de acné: el estrés psíquico activa la liberación de neuropéptidos que pueden mantener el acné o inhibirlo… y a mi me lo mantenían vivito y coleando. Así que resulta que un adulto con un sistema nervioso  tambaleante produce más sebo de lo normal, y si es mujer (y dale), mucho más: un 3% de hombres frente a un 12% de mujeres tienen granos bien mayorcitos.

Vale, ya tenía una pista sobre la vuelta de mi indeseable amigo de la adolescencia, y aunque sigue sin haber mucha demostración científica sobre otros culpables a estas alturas, sí la hay en general sobre las causas del acné. Además de leerlo aquí, puedes verlo en un nuevo vídeo de la serie Me Pongo en tu piel de Cantabria Labs, en el que entrevisto al dermatólogo Raúl de Lucas. Pero aquí te las describo:

Causas del acné

  1. La grasa. Es decir, la secreción sebácea. Además de la que cada uno segregue por naturaleza, si el sistema hormonal está descompensado y los andrógenos ganan la batalla, se produce más de la cuenta.
  2. La obstrucción del folículo sebáceo. Producimos grasa, y si le añadimos que el poro está obstruido aparece el grano y además se infecta y enquista. Y es que los comedones son el resultado de una queratinización anormal en la zona, donde se pueden acumular corneocitos impidiendo a la gras que salga.
  3. La bacteria Propionibacterium acnes. Forma parte de la flora que tenemos en la superficie de la tez, y puede provocar inflamación activando mecanismos inmunológicos.
  4. Comer mal, dormir peor. Es difícil dedicarse a las obligaciones diarias en cuerpo y alma y comer siempre de revista. ¿Cuántas veces por la falta de tiempo improvisamos un mal sándwich al calor del ordenador y mordisqueamos cualquier cosa entre tecla y tecla? Yo de eso se mucho, lo confieso. Así que si comes grasas saturadas, platos precocinados y bebes poco agua, estás diciendo a los granos “ancha es Castilla”. Al menos tenemos una buena noticia: podemos darle al chocolate, porque no hay razón científica que confirme que produce acné. Mejor que sea negro, porque el de tipo con leche tiene mucha grasa, y esta sí le da vidilla al problema; yo feliz, porque como siempre he confesado tengo una adicción importante, menos mal que mi favorito no baja de 85% de cacao.
  5. Una mala rutina cosmética. Aquí hay mucha confusión: Si te salen granitos no hay que lavar la cara compulsivamente ni utilizar todo el tiempo productos astringentes, porque podríamos provocar un efecto rebote. La formula está en respetar el pH natural de la piel y atacar barros y espinillas mediante una fórmula específica.

Tratamiento para el acné ¿Y ahora qué?

Como una no es adivina ni experta en la materia (por mucho reportaje que haya escrito sobre el tema), lo más inteligente es acudir siempre al dermatólogo para que diagnostique la causa del acné, sea adulto o adolescente. Yo decidí ser aplicada y fue a ver a la dra. Guerra, que me contó que existen medicamentos que controlan la grasa (se llaman antiandrógenos), otros que controlan la cornificación del folículo (queratolíticos) y otros  más que vigilan la inflamación de la infección (antibióticos). También me dijo que algunos medicamentos, como los retinoides sistémicos, son capaces de controlar todos los factores. Pero no todos los “afectados” necesitamos tomar pastillas o comprimidos, a veces basta con utilizar los productos adecuados. Depende del tipo de lesión, de la edad, el sexo y de la respuesta de cada persona, por eso hay que visitar al dermatólogo.

En mi caso sirvió con utilizar los cosméticos oportunos, por suerte.  Y además, seguí a rajatabla los buenos consejos de la especialista:

  1. Cuidar la alimentación. Frutas y verduras de base, legumbres, proteínas de calidad (adiós a tanta lata de atún), y grasas, pero de las buenas: aceite de oliva virgen, frutos secos, aguacates, etc.
  2. Reducir el estrés: Aquí no lo hice de libro porque que te digan “No te estreses” es como cuando estás indignada con algo y te sueltan “No te enfades”…Pero sí adquirí una disciplina con el running, me obligué a quedar más con mi gente y a arañarle minutos de sueño al reloj, así que mi estado nervioso fue a menos.
  3. Mejorar la higiene. No hay nada peor que tocar la cara con las manos sucias para desarrollar el acné, o incluso aplicar productos en una piel que está sucia, porque puede hacer que se transmitan bacterias. Así que me tomé en serio no solo limpiar mi rostro mañana y noche, sino también lavarme las manos antes de extender mis cremas, o atármelas antes de toquetearme los granitos cuando me invadía el aburrimiento barra desesperación frente al ordenador o el síndrome de la página en blanco (si eres periodista, sabes de qué hablo).
  4. Exfoliar de manera suave: Una vez por semana, y con un producto a base de partículas sin aristas, no agresivo, potencia la renovación celular y limpia los poros.
  5. Utilizar cosméticos con los siguientes activos: los retinoides son la base, porque promueven la renovación celular evitando que se obstruya el poro, y además tienen un gran poder para reducir la grasa. Junto a ellos, el peróxido de benzoilo, que lucha contra las bacterias, contra la producción de graa, la inflamación y la cornificación de la salida de la glándula sebácea.
  6. Los peelings químicos superficiales: Si están indicados por el dermatólogo pueden ir estupendamente, sobre todo los de ácido salicílico, porque ayudan a “destaponar” y drenar la lesión.

Bueno, Tengo que decir que no me libré del problema de hoy para mañana, y que durante mi primer embarazo a los 34 ese dichoso acné adulto se vengó de los feos que le hice en mi primera juventud y campó a sus anchas cuando le vino en gana, pero después de dar a luz todo volvió a la normalidad y mi piel decidió tranquilizarse. Han pasado unos pocos años más, y todavía hoy cuando menos me lo espero me encuentro con un  indeseable. Sigo cuidando mi piel como he comentado, y además aplico un producto específico en la zona afectada, así además de ir directa al problema, puedo tratar el resto de mi cutis como lo necesita y combatir otros problemas (arrugas, flacidez…esto es otra liga, tiempo habrá de hablar de ello). Acabo de probar Biretix Duo de Cantabria Labs, un gel anti-imperfecciones que tiene una acción exfoliante y purificante. Su tecnología es RetinSphere, una buena combinación de retinoides que ayuda a prevenir la regeneración celular, y Biopep 15, que reduce la proliferación de microorganismos; y los mantengo a raya. ¿Nunca más volverán? Pues claro que sí, es más, confieso que a estas alturas prefiero un mal grano a una buena arruga: desaparece con más facilidad y bien mirado, al menos me devuelve por momentos a esa época loca después de ser niña y antes de acumular responsabilidades. Cuestión de perspectiva