Cuidado facial 2 Abr 2020

Ampollas: para qué sirven y cómo utilizarlas

Sin duda, las ampollas constituyen un formato revolucionario en el cuidado facial con muchos puntos a su favor. A la hora de elegir las más adecuadas, conviene tener en cuenta qué tipo de piel se tiene y cuál es el problema concreto que se quiere combatir para acertar de lleno con el tratamiento.

 

Qué son las ampollas

Las ampollas contienen una solución muy concentrada de ingredientes y principios activos que le aportan a cada tipo de piel los beneficios extra que necesita. Inicialmente, sus activos principales eran los antioxidantes, pero gracias a la gran acogida que obtuvo este formato, ahora se incluyen todo tipo de fórmulas con diferentes activos para cubrir distintas necesidades.

Las ampollas son soluciones muy concentradas de ingredientes y principios activos que le aportan a cada tipo de piel los beneficios extra que necesita.

La formulación de estos productos no contiene conservantes gracias al medio estéril de envasado. Suelen presentarse en envases monodosis y lo habitual es que se usen de una sola vez o dos (media ampolla en la primera aplicación y media, en la siguiente). Así se evita que sus principios activos pierdan las propiedades, una vez que se haya abierto.

 

Para qué sirven

Las necesidades de la piel van cambiando debido al paso del tiempo, la contaminación, las radiaciones solares o los cambios hormonales, entre otros factores. Esto hace que, en ocasiones, sea necesario un tratamiento que complemente a la rutina de cuidados faciales diarios. Ahí es donde entran las ampollas que aportan soluciones a cada problema gracias a sus formulaciones altamente concentradas.

 

Cuáles son sus ingredientes

Las ampollas contienen formulaciones que combinan varios tipos de ingredientes para conseguir los beneficios que cada piel necesita. Estos suelen ser sus principales componentes:

Proteoglicanos

Son moléculas que se encuentran en la piel de forma natural y que tienen la capacidad de restaurar las células de la epidermis. Su acción mejora la formación de fibras de colágeno, por lo que es un gran aliado a la hora de combatir los síntomas del envejecimiento.Estas moléculas pueden captar hasta 1.000 veces su peso molecular en agua por lo que aportan un gran nivel de hidratación a la piel. Por esta razón, aunque sus propiedades los hacen ideales para cualquier tipo de piel, son las pieles más secas y con tendencia a deshidratarse, las que agradecerán más sus beneficios. Además, tienen efectos antioxidantes, favorecen la renovación celular y dan luminosidad.

Al tratarse de soluciones líquidas de rápida absorción, las ampollas se adaptan perfectamente a cualquier tratamiento.

Vitamina C

Sus propiedades antioxidantes combaten los radicales libres que se generan por la radiación solar, el estrés ambiental y la contaminación. Es eficaz en todas sus versiones, pero es en las ampollas donde mejor conserva sus propiedades, ya que se trata de un ingrediente cosmético inestable y puede oxidarse. Sin embargo, existen diferentes formulaciones de la vitamina C para mejorar su estabilidad y por lo tanto su eficacia como, por ejemplo, la combinación de vitamina C pura y vitamina C estabilizada. Su uso proporciona luminosidad a la piel y ayuda a combatir los signos del envejecimiento. Además, es un activo reafirmante ya que es imprescindible para la formación de colágeno y evita su degradación.

Factores de crecimiento

Principalmente son proteínas muy involucradas en la comunicación intracelular. Su función es estimular los procesos metabólicos de regeneración y reparación del tejido conectivo, el tejido epidérmico y el óseo. La acción de estos agentes favorece la regeneración de la piel y produce efectos reafirmantes, hidratantes y antioxidantes.

 

Modo de uso de las ampollas

Estos son los pasos que conviene seguir para aprovechar al máximo los beneficios de las ampollas.

  • Limpieza: Limpiar la piel en profundidad y secarla bien, antes de aplicar el producto, para garantizar su absorción.
  • Apertura: agitar la ampolla, antes de abrirla, para que se mezclen los ingredientes. Si se utiliza en dos o tres aplicaciones, cerrarla bien después del primer uso y conservarla hasta el siguiente, durante un plazo máximo de 48 horas.
  • Aplicación: verter el contenido en la palma de la mano y, con las yemas de los dedos, aplicar el producto en el rostro con un masaje suave en círculos. Hay que incidir sobre todo en las zonas que necesiten más atención como el mentón, cuello, frente o pómulos. Al finalizar, dar unos golpecitos suaves en la piel para completar la absorción del producto.
  • Tratamiento: Una vez aplicada la ampolla, continuar con el resto de productos de la rutina de cuidado facial.

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