Radiación infrarroja: ¿qué es y en qué se diferencia de la UV?

El sol es fuente de vida y energía, pero sus radiaciones pueden ser muy perjudiciales para la piel cuando no se toman las debidas precauciones. Por ello, es importante saber qué tipos de radiaciones solares son las que afectan a la piel y qué daños producen.

Qué es la radiación ultravioleta

La radiación ultravioleta (UV) se compone de dos tipos de rayos que se llaman UVA y UVB.

  • Radiación UVA: constituye el 4,9% de la radiación que alcanza a la piel. Además del sol, también proviene de otras fuentes como las lámparas solares y las cabinas de bronceado. Sus efectos son acumulativos. A corto plazo, dañan el colágeno y la elastina, alteran el sistema inmunológico y provocan alergias solares. A largo plazo, son responsables de fotoenvejecimiento y pueden acabar provocando cáncer de piel.
  • Radiación UVB: supone el 0,1% de la radiación que llega a la piel. La capa de ozono es capaz de absorber la mayor parte de estos rayos UVB, pero los que llegan son suficientes para perjudicar la salud cutánea. Su acción puede provocar eritema (enrojecimiento), daño directo en el ADN y, en casos más graves, cáncer cutáneo.

Qué es la luz visible

Es la porción de la radiación que el ojo humano puede captar y que le permite ver lo que tiene alrededor. Supone un 39% de la radiación que llega a la piel e incluye la luz azul, que procede de las pantallas de los dispositivos digitales. Entre sus efectos se encuentra el eritema, la formación de manchas y daño indirecto en el ADN.

Qué es la radiación infrarroja

La radiación infrarroja o radiación IR: representa el 56% de las radiaciones que se reciben del sol. Las personas no pueden verla debido a que su longitud de onda es mayor que la de la luz visible, pero sí sentirla por su efecto calorífico. Su acción provoca la pérdida de colágeno y elastina y daño indirecto del ADN.

 

¿Es más perjudicial la radiación infrarroja que la UV?

Tradicionalmente, se ha asociado el daño en la piel, producido por una exposición inadecuada al sol, con la acción de otro tipo de radiaciones como la famosa UV. Sin embargo, se ha descubierto que la luz visible y la radiación infrarroja también tienen efectos negativos en la piel, muy relacionados con el fotoenvejecimiento.

Los rayos infrarrojos representan más de la mitad de la radiación que recibe la piel.

Los rayos infrarrojos, a diferencias de los anteriores, alcanza la capa más profunda, la hipodermis. Su acción calorífica es capaz de agotar los mecanismos de defensa antioxidantes de las células y desencadenar un aumento de los radicales libres. Estas moléculas inestables aumentan la degradación del colágeno lo que se traduce en una pérdida de la elasticidad de la piel y de la firmeza. Como consecuencia, aparecen signos de envejecimiento prematuro de la piel como las arrugas profundas y la flacidez.

Además, diversos estudios han revelado que existe una sinergia en los efectos de las diferentes radiaciones en la piel. En el caso de la radiación infrarroja, su acción potencia los efectos nocivos de los rayos UV en la salud cutánea, especialmente en lo que se refiere al fotoenvejecimiento.

La acción de la radiación infrarroja potencia los efectos nocivos de los rayos UV, sobre todo el fotoenvejecimiento.

La acción conjunta de ambas radiaciones se traduce en pérdida de colágeno y elastina y daño indirecto en el ADN. Además, cuando la luz visible entra en la ecuación, su acción potencia el eritema que generan tanto los rayos UV como los infrarrojos.

 

Frente a las cuatro radiaciones, protección solar

Es posible frenar los efectos de las radiaciones solares en la piel si se utilizan fotoprotectores que contengan fórmulas eficaces. Dichas fórmulas deben tener una barrera de fotoprotección que incluya un sistema de filtros de alta calidad para frenar la radiación solar. Además, el producto elegido tiene que garantizar una potente acción antioxidante para neutralizar los radicales libres generados por la radiación solar e incluir activos capaces de reparar el daño solar.

La acción de fotoprotegerse todos los días del año es clave para evitar los daños de las cuatro radiaciones. Para realizarla correctamente conviene seguir estos pasos.

  • Usar todos los días del año crema solar con un factor de protección (SPF) alto, a partir de 50, de amplio espectro que incluya antioxidantes eficaces y activos reparadores.
  • El daño solar no siempre se ve a simple vista. Por ello, es recomendable combinar la crema de sol con cápsulas de fotoprotección oral.
    La fotoprotección oral es el mejor complemento de la fotoprotección tópica ya que activa los mecanismos de reparación en las capas más profundas de la piel donde no llega la crema solar. Además, aplicando de manera correcta un fotoprotector adecuado, se consigue bloquear solo el 55% de los radicales libres producidos por la radiación solar. Se ha comprobado que se suele aplicar una cantidad de producto insuficiente y que no se realiza con la frecuencia adecuada. Igualmente, hay determinadas zonas del cuerpo que suelen quedar desprotegidas (cuero cabelludo, párpados, orejas, etc.)
  • Evitar exponerse al sol en las horas de mayor incidencia (entre las 12h y las 16h aprox.)
  • Aplicar cantidad suficiente de fotoprotección tópica y reaplicarla cada dos horas o más a menudo si la persona se ha bañado o ha sudado.
  • Usar prendas de manga larga, siempre que sea posible, sombrero o gorra y gafas de sol para protegerse.

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