Fotoprotección, clave para evitar los efectos de los radicales libres en la piel

Los radicales libres, también conocidos como especies reactivas de oxígeno (ROS), son moléculas de oxígeno inestables con uno o más electrones desapareados. Su objetivo es explorar el cuerpo para robar a otras moléculas el electrón o electrones que les falta y así recuperar la estabilidad. Como consecuencia, las moléculas atacadas se convierten en radicales libres y, de esta forma, se inicia una reacción en cadena, que acaba generando daño celular.

Los radicales libres forman parte del proceso fisiológico normal. Se encargan, entre otras cosas, de la eliminación de agentes infecciosos o de la creación de diferentes hormonas necesarias para vivir. Para controlar sus efectos, el organismo produce, de manera natural, antioxidantes capaces de neutralizarlos. Sin embargo, cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo para producir antioxidantes, tiene lugar un proceso conocido como estrés oxidativo.

En el caso de la piel, dicho estrés oxidativo favorece una cascada de reacciones inflamatorias que afectan a las funciones celulares. Entre las células perjudicadas se encuentran los fibroblastos, responsables de la formación de colágeno, elastina y ácido hialurónico, que dan a la piel un aspecto firme y saludable. Pero, ¿qué factores provocan estos desequilibrios?

Radicales libres y contaminación

La contaminación es altamente perjudicial para la piel ya que contiene multitud de agentes agresores. Por ejemplo, la unión de las partículas de metales pesados que flotan en el aire, procedentes de la combustión en industrias, calderas y motores de explosión, con la luz solar produce ozono. Este gas, altamente oxidante, genera radicales libres, al igual que otros elementos, como el humo del tabaco.

Los radicales libres son moléculas de oxígeno inestables, con uno o más electrones desapareados, y altamente reactivas.

Asimismo, la contaminación digital, aunque menos conocida por la mayoría, es perjudicial para la salud cutánea. La luz visible, procedente de las bombillas LED o las pantallas de dispositivos electrónicos como tabletas, televisores, ordenadores y smartphones, también penetra en la piel causando estrés oxidativo.
La exposición a estos agentes contaminantes y la consecuente aparición de radicales libres, tiene efectos nocivos para la piel como la degradación del colágeno y la elastina y las hiperpigmentaciones. Además, la polución provoca daños en la matriz extracelular, es decir, la estructura que rodea y soporta a las células que se encuentran en los tejidos, por lo que la piel pierde hidratación y firmeza. En consecuencia, se acelera el envejecimiento cutáneo y aumenta la aparición de manchas, arrugas, etc.

Radicales libres y alimentación

Una dieta poco saludable puede afectar a la producción de radicales libres en el organismo. Por ello, conviene evitar los alimentos muy procesados, los fritos, el alcohol y cualquier comida alta en grasas saturadas. En su lugar, es necesario potenciar el consumo de alimentos con alto poder antioxidante como naranjas, brócoli, espinacas, frutos secos, sardinas o salmón, entre otros.

Radicales libres y sol

La exposición a la radiación solar sin la protección adecuada puede provocar daños inmediatos y visibles como las quemaduras solares, pero también puede generar radicales libres que, a largo plazo se traducen en una alteración de la estructura del ADN, pudiendo causar incluso un cáncer de piel.

La radiación solar, responsable de la sensación de calor, estimula la formación de radicales libres.

La fotoprotección avanzada es clave para prevenir los efectos negativos del estrés oxidativo que produce la acción solar, como el daño en el ADN, el envejecimiento de la piel o la fotocarcinogénesis

  • Utilizar un fotoprotector avanzado, formulado con activos reparadores y antioxidantes que, además de proteger de las cuatro radiaciones solares, neutralice los radicales libres y repare el daño solar.
  • Elegir productos adecuados para cada tipo de piel que ofrezcan una protección de amplio espectro y con un SPF alto, a partir de 50.
  • Aplicar el producto con generosidad por todo el cuerpo, sin olvidar las zonas menos expuestas y repetir la aplicación las veces que sea necesario.
  • Utilizar fotoprotección oral como complemento a la tópica. Las cápsulas fotoprotectoras son aptas para todo tipo de pieles, incluso las más sensibles. Su consumo garantiza un refuerzo para prevenir el daño oxidativo producido por la acción solar.
  • Hay que recordar que la acción nociva del sol no se produce únicamente en verano. Por ello, conviene fotoprotegerse todos los días del año, incluso en invierno o cuando esté nublado.

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