Acné adulto, ¿Otra vez aquí?

Quién más, quien menos ha tenido algún grano en la adolescencia; esas inoportunas protuberancias rojizas visibles a kilómetros que en algún momento incluso se infectaban, supuraban y…no sigo. Confieso que por culpa del acné dejé en alguna ocasión de salir de fiesta o quedar con un chico, al más puro estilo del youtuber Alberto TM en los #acnedramas de Cantabria Labs. Sí, lo hice. Llámame superficial, pero no me ocurrió nada que no le sucediera al 80% de los chavales entre los 12 y los 18 años, como revela la Academia Española de Dermatología. Solo fue esporádico, pero ahí estuvo. Por suerte a los pocos años pude olvidarme de granitos e imperfecciones…hasta que rebasé los 30.

Se supone que estaba en una época vital equilibrada, con un trabajo, vida de pareja y amistades estables. Pero ahí estaban otra vez: en lugar de extenderse por toda la cara, como sucede en esos años caóticos, ahora a mis granos les daba por plantarse en la zona inferior de mi cara, alrededor de la boca y cerca de la mandíbula. Vaya suerte la mía, pertenecer a ese 11-12% de mujeres que padecen acné adulto; mis hormonas estaban sembradas, sí. ¿Y se puede saber porqué? Pues no. Así de claro, no.

La explicación científica de porqué a los dichosos granos les da por aparecer cuando ya no toca no existe, o mejor dicho, no está clara. Sí hay pistas: a partir de los 30 puede ser culpa de algunas patologías hormonales (como el síndrome del ovario poliquístico, el Cushing o ciertos tumores suprarrenales o de los ovarios), y desde luego el estrés lo empeora: ¡Voilá! Yo que pensaba que por fin era una mujer serena, y resulta que el estrés no me dejaba del todo: aún no habían nacido mis hijas, trabajaba como una jabata y como buena (mejor dicho, mala) freelance cogía todas las colaboraciones en revistas que podía y más. Venga a trabajar, y venga a estresarme, y venga a darle a mis hormonas un buen baile…menudo círculo vicioso. Ya me lo dijo entonces mi amiga y dermatóloga Aurora Guerra, que es un libro abierto en materia de acné: el estrés psíquico activa la liberación de neuropéptidos que pueden mantener el acné o inhibirlo… y a mi me lo mantenían vivito y coleando. Así que resulta que un adulto con un sistema nervioso  tambaleante produce más sebo de lo normal, y si es mujer (y dale), mucho más: un 3% de hombres frente a un 12% de mujeres tienen granos bien mayorcitos.

Vale, ya tenía una pista sobre la vuelta de mi indeseable amigo de la adolescencia, y aunque sigue sin haber mucha demostración científica sobre otros culpables a estas alturas, sí la hay en general sobre las causas del acné. Además de leerlo aquí, puedes verlo en un nuevo vídeo de la serie Me Pongo en tu piel de Cantabria Labs, en el que entrevisto al dermatólogo Raúl de Lucas. Pero aquí te las describo:

Causas del acné

  1. La grasa. Es decir, la secreción sebácea. Además de la que cada uno segregue por naturaleza, si el sistema hormonal está descompensado y los andrógenos ganan la batalla, se produce más de la cuenta.
  2. La obstrucción del folículo sebáceo. Producimos grasa, y si le añadimos que el poro está obstruido aparece el grano y además se infecta y enquista. Y es que los comedones son el resultado de una queratinización anormal en la zona, donde se pueden acumular corneocitos impidiendo a la gras que salga.
  3. La bacteria Propionibacterium acnes. Forma parte de la flora que tenemos en la superficie de la tez, y puede provocar inflamación activando mecanismos inmunológicos.
  4. Comer mal, dormir peor. Es difícil dedicarse a las obligaciones diarias en cuerpo y alma y comer siempre de revista. ¿Cuántas veces por la falta de tiempo improvisamos un mal sándwich al calor del ordenador y mordisqueamos cualquier cosa entre tecla y tecla? Yo de eso se mucho, lo confieso. Así que si comes grasas saturadas, platos precocinados y bebes poco agua, estás diciendo a los granos “ancha es Castilla”. Al menos tenemos una buena noticia: podemos darle al chocolate, porque no hay razón científica que confirme que produce acné. Mejor que sea negro, porque el de tipo con leche tiene mucha grasa, y esta sí le da vidilla al problema; yo feliz, porque como siempre he confesado tengo una adicción importante, menos mal que mi favorito no baja de 85% de cacao.
  5. Una mala rutina cosmética. Aquí hay mucha confusión: Si te salen granitos no hay que lavar la cara compulsivamente ni utilizar todo el tiempo productos astringentes, porque podríamos provocar un efecto rebote. La formula está en respetar el pH natural de la piel y atacar barros y espinillas mediante una fórmula específica.

Tratamiento para el acné ¿Y ahora qué?

Como una no es adivina ni experta en la materia (por mucho reportaje que haya escrito sobre el tema), lo más inteligente es acudir siempre al dermatólogo para que diagnostique la causa del acné, sea adulto o adolescente. Yo decidí ser aplicada y fue a ver a la dra. Guerra, que me contó que existen medicamentos que controlan la grasa (se llaman antiandrógenos), otros que controlan la cornificación del folículo (queratolíticos) y otros  más que vigilan la inflamación de la infección (antibióticos). También me dijo que algunos medicamentos, como los retinoides sistémicos, son capaces de controlar todos los factores. Pero no todos los “afectados” necesitamos tomar pastillas o comprimidos, a veces basta con utilizar los productos adecuados. Depende del tipo de lesión, de la edad, el sexo y de la respuesta de cada persona, por eso hay que visitar al dermatólogo.

En mi caso sirvió con utilizar los cosméticos oportunos, por suerte.  Y además, seguí a rajatabla los buenos consejos de la especialista:

  1. Cuidar la alimentación. Frutas y verduras de base, legumbres, proteínas de calidad (adiós a tanta lata de atún), y grasas, pero de las buenas: aceite de oliva virgen, frutos secos, aguacates, etc.
  2. Reducir el estrés: Aquí no lo hice de libro porque que te digan “No te estreses” es como cuando estás indignada con algo y te sueltan “No te enfades”…Pero sí adquirí una disciplina con el running, me obligué a quedar más con mi gente y a arañarle minutos de sueño al reloj, así que mi estado nervioso fue a menos.
  3. Mejorar la higiene. No hay nada peor que tocar la cara con las manos sucias para desarrollar el acné, o incluso aplicar productos en una piel que está sucia, porque puede hacer que se transmitan bacterias. Así que me tomé en serio no solo limpiar mi rostro mañana y noche, sino también lavarme las manos antes de extender mis cremas, o atármelas antes de toquetearme los granitos cuando me invadía el aburrimiento barra desesperación frente al ordenador o el síndrome de la página en blanco (si eres periodista, sabes de qué hablo).
  4. Exfoliar de manera suave: Una vez por semana, y con un producto a base de partículas sin aristas, no agresivo, potencia la renovación celular y limpia los poros.
  5. Utilizar cosméticos con los siguientes activos: los retinoides son la base, porque promueven la renovación celular evitando que se obstruya el poro, y además tienen un gran poder para reducir la grasa. Junto a ellos, el peróxido de benzoilo, que lucha contra las bacterias, contra la producción de graa, la inflamación y la cornificación de la salida de la glándula sebácea.
  6. Los peelings químicos superficiales: Si están indicados por el dermatólogo pueden ir estupendamente, sobre todo los de ácido salicílico, porque ayudan a “destaponar” y drenar la lesión.

Bueno, Tengo que decir que no me libré del problema de hoy para mañana, y que durante mi primer embarazo a los 34 ese dichoso acné adulto se vengó de los feos que le hice en mi primera juventud y campó a sus anchas cuando le vino en gana, pero después de dar a luz todo volvió a la normalidad y mi piel decidió tranquilizarse. Han pasado unos pocos años más, y todavía hoy cuando menos me lo espero me encuentro con un  indeseable. Sigo cuidando mi piel como he comentado, y además aplico un producto específico en la zona afectada, así además de ir directa al problema, puedo tratar el resto de mi cutis como lo necesita y combatir otros problemas (arrugas, flacidez…esto es otra liga, tiempo habrá de hablar de ello). Acabo de probar Biretix Duo de Cantabria Labs, un gel anti-imperfecciones que tiene una acción exfoliante y purificante. Su tecnología es RetinSphere, una buena combinación de retinoides que ayuda a prevenir la regeneración celular, y Biopep 15, que reduce la proliferación de microorganismos; y los mantengo a raya. ¿Nunca más volverán? Pues claro que sí, es más, confieso que a estas alturas prefiero un mal grano a una buena arruga: desaparece con más facilidad y bien mirado, al menos me devuelve por momentos a esa época loca después de ser niña y antes de acumular responsabilidades. Cuestión de perspectiva

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